Cambiar para transformar.

“EL PROGRESO ES IMPOSIBLE SIN CAMBIO, Y AQUELLOS QUE NO PUEDEN CAMBIAR SUS MENTES NO PUEDEN CAMBIAR NADA.”

Ernesto Martínez Guerrero

Agente de Transformación Social

CAMBIAR PARA TRANSFORMAR

Parte 1

La época que vivimos tiene dos factores que afectan a otros más; el primero es que el poder económico se ha globalizado y sus instituciones se han fortalecido en todo el mundo (mundialización económica); y el segundo es que el poder político se ha estancado y sus instituciones se han quedado ancladas en el dominio territorial (procesos de individualización). Ambos requieren del territorio, donde se manifiestan diariamente los problemas que ambos generan. Es en el territorio donde van surgiendo y agudizándose los problemas, a los que las instituciones públicas y privadas se enfrentan cambiando las políticas de operación, al buscar la manera de dar soluciones. Y esto importa porque consideran las instituciones que es la forma concreta de abordar los temas de desigualdad económica y exclusión social, convirtiendo esto en el recurso explicativo clave.

Las instituciones refieren que se está en una época de cambios, cuando en realidad se afronta un cambio de época, como en su momento lo fue el paso a la sociedad industrial. Y al decir que se afronta hay que entender que todas las personas se mantienen con una actitud de oposición ante un problema, haciendo que la situación sea difícil a pesar de que no eluden la obligación de resolverlo y hacen el esfuerzo de actuar acorde con las exigencias que presenta. Pero la incertidumbre y la sensación de riesgo dominan los grandes procesos de cambio y transformación social que se viven en la actualidad, a la vez que determinan las trayectorias vitales de las personas.

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Lo cierto es que las condiciones de vida se perciben de diferente manera. Las personas que cotidianamente están bajo sus efectos no son conscientes de ellas, ya que nacieron inmersas en esa forma de vivir y lo que saben es la base de sus creencias. Pero las personas que forman parte de las instituciones ven desde otra perspectiva las condiciones y a las personas que las padecen, aprovechan la oportunidad en propio beneficio o buscan las posibilidades de que las personas mejoren sus condiciones. Quienes ven la oportunidad hacen negocio con la pena ajena. Pero quienes ven la posibilidad de que las personas mejoren sus condiciones de vida se enfocan en tratar de ayudar a las personas y se preguntan ¿Cómo hacer que las personas cambien de mentalidad? o ¿Qué hacer para cambiarles el chip a las personas? Pregunta que desespera a muchos profesionales que prestan servicios, porque al interactuar con las personas ven la necesidad de que haya cambios, para que mejoren sus condiciones de vida. Esta realidad tiene que enfrentarse y para ello es necesario detenerse a pensar en ¿Quién quiere el cambio? El profesional que solo presta un servicio y desea que la persona se apropie de lo que le oferta para mejorar sus condiciones de vida. O la persona porque visualiza el beneficio de hacer mejoras en lo que hace y desea tener el servicio que le oferta el profesional.

La prestación profesional de servicios es parte de la intervención que gradualmente ha tenido la persona en su vida, la cual es determinante, pues conforme va avanzando en edad tiene aprendizajes, porque se apropia de conocimientos que tienen las personas que le rodean. Si esos saberes meten a la persona en un “círculo cálido” donde domina un entendimiento compartido por quienes le rodean, se sentirá comprometida a repetir lo que hacen todos, generándose la resistencia al cambio. Pero si los saberes meten a la persona en un “círculo frío” donde domina un acuerdo por quienes le rodean, se sentirá responsable de gestar lo que sirva a todos, generando el cambio que aporte a la transformación individual y colectiva. Esto hace que la persona tenga creencias, si está en el círculo cálido serán paralizantes o reactivas y si está en el círculo frío serán dinamizantes o proactivas, lo que determinara el tipo de estrategias que use para conducirse y actuar en su vida.

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Los aprendizajes de la persona conforman sus creencias, con las cuales diseña sus estrategias para enfrentar las condiciones existentes que afectan su vida asumiendo una conducta, que matizara todas sus acciones. Cuando los aprendizajes son impulsores la persona piensa por sí misma, se cree capaz y busca permanentemente mejorar, impulsando cambios que van transformando las condiciones de vida. Pero si los aprendizajes son limitativos (no se puede, esto nos tocó vivir, hay que conformarse con lo que se tiene, etc.), lo más seguro es que las creencias sean de subsistencia y dependencia, por lo que la estrategia será imitar o repetir lo que hace la población a la que pertenece, adoptando una conducta reactiva que reclama el subsidio y que otro le diga que hacer (negándose a pensar por sí mismo), sin aceptar las posibilidades de mejorar por el riesgo que implica hacer cambios, con lo que se resisten a la transformación personal y colectiva.

Independientemente de lo que se aprende, la realidad que vive cualquier persona, aunque no la quiera ver, está condicionada por la mundialización económica (poder económico globalizado) y los procesos de individualización (poder político estancado), que directa o indirectamente exigen adoptar cambios y sentencian a construir una transformación, sin que se considere la preparación para apropiarse de cambios o la visión para imaginar lo que va a hacer. Situación que se agrava cuando las personas que establecen las instituciones públicas o privadas definen la forma de intervención, pues se consideran el vehículo para trasladar a las personas de la dependencia a la interdependencia o de la subsistencia a la empresarialidad o del rezago al desarrollo; asumiéndose por lo general como redentoras que anuncian el cambio para construir la transformación de la realidad. Esto obliga a que como agentes externos se revise el origen de la institución o asociación o negocio, para validar el modelo de desarrollo bajo el cual se opera, con el propósito de reenfocar su intervención.

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El problema es que muchas instancias (instituciones, asociaciones, negocios) no han cambiado, siguen fielmente el enfoque que las origino, no se dan cuenta que el rápido proceso de cambio ha desencadenado transformaciones significativas en la estructura social. Que las condiciones para el desarrollo ya no son las mismas, pues la sociedad industrial centrada en la soberanía del Estado-nación y sus políticas económicas ya no funcionan como antes. Que si se quiere tener sociedades avanzadas hay que ir redescubriendo que la desigualdad se ha diversificado y que la intervención tiene que hacerse de otra forma. Que las políticas construidas trabajosamente para obtener recursos y tratar de responder a los desequilibrios que “naturalmente” iba generando la economía de mercado, han dejando paulatinamente de funcionar de manera adecuada frente a la globalización y a la individuación, aunque los beneficiarios permanecen en el mismo territorio. Esto muestra que el cambio, antes de promoverlo en las poblaciones hay que vivirlo internamente y cambiar los sistemas, para tener la capacidad de acompañar a una sociedad con multiplicidad de ejes de desigualdad, que puede dar niveles más altos de riqueza, pero también nuevos espacios de exclusión social.

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Continuara la siguiente semana.

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